
El pasado 12 de enero, en horas de la madrugada, falleció en la ciudad de Cork, Irlanda, el sociólogo Nelson Freitez, a la edad de 72 años. Como lo expresó Carolina Jiménez en un acto en su memoria, América Latina despide a un referencial defensor de derechos humanos. A ello agregamos nosotros: también a un intelectual íntegro, un amante de Venezuela y del estado Lara y, por sobre todo, a un gran ser humano que influenció positivamente a todos quienes tuvimos el placer de conocerlo.
La verdad es que no recuerdo en qué momento conocí a Nelson Freitez, porque es como si siempre hubiera estado allí, esperándonos para ser el gran anfitrión y representante de todo lo larense para quienes volvíamos a la ciudad crepuscular de tanto en tanto. Era un gran promotor de la tradición cooperativa que existía en la región centrooccidental, siendo para muchos el enlace con la emblemática red de cooperativas Cecosesola.
No lo conocí de sus días en la Fundación para el Desarrollo de la Región Centro Occidental de Venezuela (FUDECO), que para otros es su referencia más lejana. Mi punto de partida pudiera ser su rol como profesor en la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (UCLA), donde dirigía la Cátedra Libre de Derechos Humanos.
En 2014, Nelson fue clave para que varias ONG de derechos humanos de Caracas, como Provea y Cofavic, pudiéramos entrevistar a las víctimas de la dura represión de ese año. En 2017 también estuvo en el epicentro del conflicto, acompañando las manifestaciones y a quienes fueron detenidos arbitrariamente o asesinados por las fuerzas de seguridad. Arriesgando su propia integridad, se puso al frente de la denuncia sobre los vínculos entre las autoridades regionales y la actuación de grupos de civiles armados contra quienes ejercían su derecho a la protesta pacífica. En ese momento comenzó el hostigamiento contra él y su esposa, Yonaide Sánchez, que finalmente los obligó a resguardar su vida e integridad saliendo al exilio.
Nelson era un profundo creyente del hacer colectivo, de la cayapa que caracteriza a los larenses. Su orientación fue clave para que un grupo de víctimas de la represión en la entidad se organizara como una ONG bajo el nombre de FUNPAZ (Asociación Civil Fuerza, Unión, Justicia, Solidaridad y Paz). FUNPAZ realizó una importante labor de documentación y denuncia, resumida en su libro “Perdigones en la cédula”, donde recopilaron 24 duros testimonios sobre lo sucedido.
Su ascendencia también estimuló la conformación del Comité de Víctimas contra la Impunidad (Covicil), que señaló la participación de Luis Reyes Reyes y su hijo, Luis Jonás, en una trama de corrupción y represión contra los sectores populares de la entidad. Como consecuencia de esa visibilización, uno de los integrantes de Covicil sería asesinado: el joven Mijaíl Martínez, hijo del luchador social larense Víctor Martínez.
Ese interés por la creación y el fortalecimiento de vínculos también permeó al movimiento de derechos humanos a nivel nacional, en el que, haciendo gala de sus virtudes como sociólogo, explicaba la identidad que se había construido en su interior.
Podría contar muchas más cosas para reforzar la idea de que Nelson Freitez estuvo en medio de los principales sucesos sociales y políticos protagonizados por la sociedad larense en los últimos 20 años. Muchos de nosotros bromeábamos diciéndole que era el ministro plenipotenciario de la “guaritud”. Escuchar sus historias sobre el Mercado de El Manteco, el significado de la Divina Pastora y su procesión de cada 14 de enero, la idiosincrasia de los larenses o la manera en que ocurría el homenaje a Pedro Infante en El Tocuyo, era caer en la tentación de enamorarse perdidamente de aquellos crepúsculos que Nelson pintaba con particular intensidad.
Alguien lo dijo recientemente: será muy duro regresar a la capital musical de Venezuela sin la posibilidad de que Nelson Freitez esté esperándote para recibirte. Será difícil llenar el vacío de lo que antes era tanta plenitud.
Cuando un amigo se va, queda un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río. El Nelson amante de los boleros, del equilibrio entre el compromiso y el placer, el dicharachero, el amigo cercano, así lo recordaremos siempre. Te extrañaremos demasiado, Nelson.
