El poeta y militante sandinista nicaraguense Ernesto Cardenal debe estar pensando últimamente que el mundo es un lugar de tristes paradojas. Como teólogo de la liberación que es, aquella frase bíblica de que «con la vara que midas serás medido» debe estarle zumbando fastidiosamente en las orejas.
La vuelta al poder de Daniel Ortega, su antiguo par en el Frente Sandinista de Liberación Nacional, trajó consigo la vigorización de los mitos e íconos de la revolución que este país vivió décadas atras. A pesar de todas las oscuras componendas que lo hicieron posible, el mundo lo que veía, amplificado por la propaganda de izquierda, era que el sandinismo estaba triunfantemente de vuelta, como parte del supuesto giro revolucionario experimentado por el continente. Quienes conocían más de cerca a Ortega tenían otra opinión, entre ellos el propio poeta Cardenal, que rápidamente adjetivó de «falso sandinismo» lo que había llegado al poder en el año 2006. Mientras las fuerzas progresistas del mundo miraban embelesadas el espectáculo de las banderas rojas y negras desafiando el cielo de Managua, el poeta denunciaba la cadena clientelar que un Ortega autoritario desplegabla como forma de gobierno, así como sus relaciones de todo pelaje con Arnoldo Alemán y el empresariado somocista del país centroamericano. Cuando los voceros del altermundismo experimentaban el Nirvana escuchando los desafíos de Ortega al imperialismo, el lírico era condenado a pagar 1025 dólares por haber denunciado los negocios turbios que intentaban adueñarse del «Hotel Cimarrón», por parte de personeros de la constelación gubernamental. Cardenal comienza a experimentar el apartheid político que significa ser acusado de «contrarevolucionario» por un gobernante latinoamericano de izquierda en el 2008.
La ironía del caso tiene que ver con que esta visión, simple e infantil, de lo que pasa en nuestro continente (la izquierda en el poder es buena y los que disienten de ella son indefectiblemente contrarevolucionarios), fue compartida por el propio Ernesto Cardenal antes de caer en desgracia. Uno no puede olvidar las veces que el poeta fue invitado de honor por el gobierno bolivariano venezolano, y las veces que, sin suerte, algunos izquierdistas no gubernamentales intentaron acceder al antiguo clérigo para que complejizara su visión de lo que pasaba en el país. Cardenal era deslumbrado por la propaganda y la retórica de los ministerios, esa misma que coincidencialmente existe a kilos en las oficinas de Managua. E incapaz de trascender del tour revolucionario que le era destinado por los funcionarios chavistas, y caminar por su cuenta y riesgo por las calles de Caracas, crearon a ese sandinista que, contra viento y marea defendía las pretendidas bondades del gobierno presidido por Hugo Chávez, soslayando toda y cada una de las críticas sobre el autoritarismo, los abusos de poder o la ausencia de autonomía tanto en las instituciones como en los movimientos sociales, con el epíteto de contrarevolucionarias. En Venezuela, esa prensa estatal que le dedicó grandes titulares a sus opiniones sobre el país hoy silencia la persecución y hostigamiento contra Ernesto. En cambio, la vida te da sorpresas, conocemos la situación del poeta por esos medios que tanto desdeñó en sus visitas a esta esquina del Mar Caribe.
Ernesto, bienvenido al club. Ahora tu mismo afirmas, como nosotros y nosotras intentamos hacerlo con el caso venezolano, que «los verdaderos sandinistas son lo que le hacen la oposición a Ortega». Sabemos que nadie aprende por experiencia ajena, y que las enseñanzas en esta aventura de la vida con frecuencia son dolorosas. Si algun día vuelves a Venezuela, esperamos que te animes a caminar por sus calles, y sin ninguna agenda previa ni escoltas ministeriales, le preguntes a la gente -y no sólo a los funcionarios-, como se vive en estos tiempos de gobierno bolivariano.


This person in the picture is not ernesto cardenal , but a greek poet , Argiris Marneros .