
Pablo Besadre
Rafael Uzcátegui es sociólogo y nació en Mérida, Venezuela. Hace poco más de un año tuvo que salir a México, donde vive como refugiado político. Ha sido coordinador de la ONG Provea, creada en 1988 en Caracas, y director del Laboratorio de Paz (LabPaz), un centro de investigación que trabaja en problemáticas como resolución de conflictos y derechos humanos en comunidades vulnerables.
Es una voz autorizada para hablar de lo que ocurre hoy en su país por su trabajo en la investigación de democracias y autoritarismos.
—¿Cómo ves el ambiente en las calles de Venezuela, se ve una población más bien expectante o con mucha mesura?, ¿a qué lo atribuyes?
—Como sociedad hemos ido aprendiendo de nuestra propia experiencia. En momentos como este, de conmoción, lo que prima es la autoprotección y la cautela. La gente evita hacer comentarios políticos en redes sociales o en el espacio público, pues desconoce quién pudiera estar mirando. Las autoridades han instalado el miedo estructural en la población. Y aunque esto pudiera explicar solo el comportamiento de los críticos a Maduro, también los oficialistas evitan exponerse, si pueden, en precaución de cualquier cambio en el futuro que los pudiera perjudicar. En situaciones de este tipo lo que prima es la autoprotección y la cautela, esperar hasta que haya mayor claridad sobre lo sucedido. Había la intuición de que si bien se había detenido a Maduro, su aparato de represión continuaba intacto.
—¿Tendrían razones los venezolanos para estar optimistas tras la caída de Nicolás Maduro?
—Yo lo calificaría como un escepticismo esperanzado. Todos entienden que aunque Maduro no está, su gobierno y el sistema de represión continúan intactos. Pero verlo comparecer en un tribunal mantiene un nivel de expectativas sobre que ocurran otras cosas en el futuro. En todo caso, ahora hay una oportunidad —la recomposición interna del oficialismo en la búsqueda de un nuevo punto de equilibrio y las posibles tensiones internas— que antes de la presencia de los buques en el Mar Caribe no existía.
—Se ha formado un debate en la izquierda chilena y en el resto del mundo respecto a la soberanía y el Derecho Internacional. ¿Crees que esos líderes de izquierda como Petro, Boric, Lula o Pedro Sánchez en España hicieron gestiones verdaderas para solucionar los problemas de Venezuela?
—América Latina, pero especialmente los gobiernos progresistas, son corresponsables del ataque a Venezuela. Decidieron de manera deliberada no jugar ningún papel luego del monumental fraude del 28J. Brasil pudo haber generado una iniciativa multilateral si hubiera tenido la real voluntad política de hacerlo. Pero optaron por dejar el espacio vacío, que fue ocupado en su totalidad por Estados Unidos. A pesar de todos los anuncios de EE.UU. sobre la posibilidad de un ataque, continuaron siendo espectadores de la situación.
—Hasta ahora no se conoce información oficial de víctimas del ataque ni tampoco si hubo una verdadera resistencia de parte del Ejército venezolano. ¿Cuál es tu tesis sobre eso?
—Esto es particularmente curioso. Por la ideología antiimperialista del chavismo y su propia historia, uno pensaría que la estrategia privilegiada sería la victimización. Sin embargo, están intentando pasar rápido la página del ataque, y hasta ahora no existe información oficial sobre muertos, heridos o daños. Que 32 funcionarios de seguridad cubanos hayan sido “dados de baja” sin generar daño a sus agresores da mucho que pensar. Tampoco hay evidencias sobre fuego defensivo en el ataque. La periodista Sebastiana Barráez ha asegurado que el 50% de la tropa se encontraba de permiso navideño esos días, algo inconcebible dado el contexto. La única cifra que se conoce ha sido proporcionada por las autoridades cubanas. La omisión es deliberada. Y se está intentando evitar la difusión de imágenes sobre el impacto de los bombardeos. Lo poco que se sabe es por los medios internacionales. Una razón adicional, especulo, es que dar un parte oficial sería reconocer la inoperancia del gobierno en proteger el territorio y a su propio presidente.
—Se ha informado de conversaciones previas con EE.UU. con algunos líderes del chavismo. ¿Crees que hubo una parte de ellos que lo entregó y que ahora apuntan a restablecer el chavismo tradicional y dar pruebas democráticas al mundo y a EE.UU.?
—En lo personal, con la información disponible hasta ahora, me parece que lo más plausible es la tesis del golpe interno y la entrega de Nicolás Maduro por los suyos. Sería un intento del chavismo de recuperarse de la crisis de legitimidad, interna y externa, luego del fraude electoral del 28J, donde ni siquiera lograron que sus propios aliados reconocieran la supuesta victoria. Ser víctimas de un ataque de esta naturaleza y luego participar en un acuerdo de cooperación con el agresor me sugiere que todo ha sido una traición negociada.
—Hay expertos internacionales que hablan de que Venezuela podría tardar varios años, al menos más de una década, en recuperar su economía y su estabilidad. ¿Cómo se puede reconstruir la esperanza de un pueblo y de los millones de personas que se vieron obligadas a huir de su país?
—Resumiendo, la estrategia de Delcy Rodríguez es mantenerse en el poder hasta el año 2030 y aprovechar la relación con EE.UU. para mejorar la economía y con ello recuperar el capital político perdido que alguna vez tuvo Hugo Chávez. Están apostando a que la recuperación económica, a pesar de las restricciones en derechos políticos, corte el flujo migratorio y genere atractivos para el retorno de los venezolanos en otros países. Antes de pandemia, algunos empresarios nacionales hablaban del “modelo chino” como un ejemplo a seguir: un país de apertura económica con restricciones políticas. Aunque puedas disminuir el flujo migratorio por el crecimiento económico, la solución para que los venezolanos quieran estar en Venezuela es la democracia.
—¿Qué se te vino a la mente cuando te enteraste del ataque de Estados Unidos?
—Yo era escéptico de un hecho de fuerza y pensé que la estrategia de asedio de EE.UU. se iba a limitar a una guerra psicológica, mediante una amenaza creíble, para intentar dividir a la coalición dominante en Venezuela. Fue una mezcla de emociones: miedo y temor por un lado, ante las impactantes imágenes de helicópteros de guerra cruzando el cielo de Caracas y las bombas, y expectativa por lo que estaba pasando. Literalmente estaba en shock, y tuvieron que pasar varias horas para comenzar a digerir todo lo que había ocurrido y empezar a buscarle un sentido.
—¿Tienen una cifra estimada de prisioneros políticos o de cuántas personas han sido asesinadas y torturadas en estos años?
—Desde 2014 hasta fines de 2025, el Foro Penal ha documentado alrededor de 18.500 a 18.900 detenciones con fines políticos en Venezuela. Provea ha documentado que entre 2013 y 2023 las fuerzas de seguridad del Estado venezolano han cometido al menos 10.085 asesinatos bajo el gobierno de Nicolás Maduro.
—¿Cuáles son tus expectativas y sueños a futuro?
—Soy un refugiado por razones humanitarias en México, exiliado por razones políticas. Mi principal sueño es regresar a mi país, sin miedo a ser detenido y torturado, y reencontrarme con mi familia y la gente que quiero. Que Venezuela sea un país de oportunidades y de vigencia de derechos humanos. Por eso sigo trabajando cada día.
