Mensajes claves dialogo con izquierdistas de Estados Unidos

Los amigos de la revista Convergence me entrevistaron sobre la situación venezolana. Preparé unas notas para jerarquizar y ordenar mis ideas, que publico por si son de utilidad para la discusión general

01

La estrategia de Donald Trump hacia Venezuela no se puede calificar como una “agresión imperialista tradicional”, sino una estrategia hibrida basada en la “diplomacia de la fuerza” del presidente norteramericano. Esta diplomacia de la fuerza no es sólo militar, sino también financiera.

Si bien es real la presencia de buques de guerra en el Mar Caribe y Nicolas Maduro ha sido señalado como el jefe de un cartel de tráfico de drogas, hay datos que desmienten que estaríamos al borde de un conflicto armado entre ambos países, y que el antagonismo de Estados Unidos con Venezuela sería total.

En primer lugar, los Estados Unidos han retirado las sanciones a la compañía petrolera Chevron, lo que le ha permitido a esta continuar y mantener sus operaciones en Venezuela. Chevron hoy es una importante fuente de financiamiento del gobierno de Nicolás Maduro, manejando el 25% de la producción venezolana de petróleo y, según algunos analistas –dado que esta información no es pública- proporcionando un tercio de los ingresos actuales del Estado venezolano por concepto de producción petrolera.

Entre los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2025, por lo menos se han realizado 10 vuelos de deportación desde Estados Unidos a Venezuela, con por lo menos 2.196 personas. Esto contradice que los canales de dialogo entre Venezuela y Estados Unidos se encuentran cerrados, pues estos vuelos de deportación necesitan coordinación institucional entre ambos países.

La decisión de eliminar el Estatus de Protección Temporal (TPS) para los venezolanos en Estados Unidos es un tercer elemento, que refleja la naturaleza contradictoria de la actual política estadounidense hacia Venezuela. Mientras Washington mantiene un discurso de presión contra el gobierno de Nicolás Maduro —acusándolo de violaciones a los derechos humanos y vínculos con el narcotráfico—, la supresión del TPS y la reanudación de deportaciones suponen un giro pragmático que prioriza la gestión migratoria y los acuerdos operativos con Caracas por encima del asilo humanitario. En este sentido, la medida no sólo impacta a más de 600 000 venezolanos residentes en EE.UU., sino que también evidencia cómo la estrategia norteamericana combina sanciones y coerción con gestos de cooperación selectiva, revelando una política exterior híbrida en medio de un conflicto diplomático sin ruptura formal.

¿Qué estaría buscando esta política exterior híbrida de Estados Unidos sobre Venezuela? Esta política esta basada en los intereses declarados de la política exterior de Estados Unidos para América Latina: 1) El combate a la migración y 2) El combate al trafico de drogas. Un tercer elemento pudiera ser revertir la influencia de Rusia, China e Iran sobre la región.

Donald Trump es un gobernante iliberal con poco compromiso con la democracia y los derechos humanos. Cualquier acción sobre Venezuela estaría pensada en sus propios intereses, donde el cambio de gobierno –y por tanto el regreso a la democracia en el país- sería mas un “efecto colateral” que un objetivo manifiesto.

Existe un alto umbral de incertidumbre sobre lo que pudiera pasar en los próximos días, pero las opciones no se reducen a un ataque militar (altamente improbable aunque no imposible) o el fin del operativo antidrogas en el Caribe (políticamente costoso sin una “victoria” sobre el narcotráfico). En el medio de estas dos opciones hay un abanico de posibilidades, que incluye una negociación entre ambos gobiernos si la administración de Maduro coloca sobre la mesa una oferta suficientemente atractiva en los temas de narcóticos y migración.

02

Yo estoy abiertamente incomodo del protagonismo de Estados Unidos en el conflicto venezolano. Pero ese protagonismo, también, es consecuencia del vacío dejado por los países de la región luego del fraude electoral del 28 de julio de 2024. Brasil pudo haber liderado un bloque de países “progresistas” que presionara, con voluntad política real, por una salida pacífica y política, respetando lo expresado por la soberanía popular en las elecciones. Sin embargo, Lula Da Silva tomó la decisión de bajar su perfil frente a la tragedia venezolana, por cálculos en su política interna.

La solidaridad regional no proviene solo de los gobiernos, sino también de los movimientos sociales. Pero las izquierdas y progresismos internacionales han priorizado una identificación ideológica con Nicolás Maduro que ha tenido como resultado que le han dado la espalda a la lucha de los venezolanos por recuperar su democracia.

Durante muchos años personalmente hice muchos esfuerzos para sensibilizar a diferentes izquierdas y movimientos sociales, incluyendo organizaciones de derechos humanos, sobre los matices y las alertas sobre lo que estaba pasando en Venezuela. Y todos esos esfuerzos fueron ineficaces, incluyendo dentro del mundo anarquista, donde uno pensaba que su pensamiento antiestatal y antigobierno los ubicaba en un lugar donde era mas fácil la critica antiautoritaria al chavismo.

El pensamiento emancipatorio esta en crisis. La solidaridad ciega con el gobierno bolivariano es un ejemplo de esa crisis.

03

Maria Corina Machado es una líder político con luces y sombras. Cualquier análisis sobre su liderazgo debe reconocer que ha ido cambiando a través de los años. Si sólo observamos el protagonismo que tuvo en las elecciones presidenciales del 2024, tiene merecido el Premio Nobel de la Paz.

Siendo una figura pública debe ser criticada e interpelada. No obstante, otros líderes que ganaron el premio Nobel de la Paz, como Nelson Mandela, hicieron alianzas pragmáticas con líderes cuestionables en función de su lucha de liberación nacional.

Sin embargo, es un error entender la lucha democrática del pueblo venezolano solamente observando lo que hace o no hace Maria Corina Machado.

Como antiautoritario yo aconsejaría no solamente practicar la mirada vertical, entender el conflicto a partir de sus figuras visibles como Nicolas Maduro o Maria Corina Machado. Eso hay que complementarlo con la “mirada horizontal”, sobre los deseos y aspiraciones de la gente común, de los luchadores sociales de base. Esa mirada horizontal es necesaria para comprender lo que pasó en Venezuela luego del fraude electoral, cuando una rebelión de gente de los barrios populares salió a la calle a protestar de la única manera que saben hacerlo. En esa jornada se vandalizaron 9 estatuas de Hugo Chavez, la mejor muestra de la ruptura política y emocional de los sectores populares con el pensamiento bolivariano.  

Esa rebelión, no obstante, no tuvo ningún eco, ni de solidaridad ni de interpretación, en los sectores internacionales de izquierda. La sensación de derrota, de repliegue por la represión (hoy en Venezuela se detiene a una persona por razones políticas cada 15 horas), de paralisis y perdida de agencia de la gente dentro de Venezuela también fue posible por ese silencio.

La gente, en su impotencia, esta desesperada por un cambio. Y le importa poco de donde venga esa transformación de sus condiciones reales y materiales de vida dentro de Venezuela.

Quienes creemos en potenciar las capacidades autónomas de la gente para ser protagonista de su propio destino tenemos, en Venezuela, un camino largo por recorrer. Cualquier reconstrucción del tejido horizontal demandara tiempo. Y tiempo, en medio de la desesperación, es lo que menos tiene ahora las personas dentro de Venezuela.


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