Me sentí muy a gusto en el País Vasco. En principio, como invitado al Consejo Anual de la Internacional de Resistentes a la Guerra, tres días de discusiones y comida vegana, teniendo como anfitriones a los compañeros y compañeras del Movimiento de Objeción de Conciencia de Bilbao, quienes se financian con un puesto (txosna) en las fiestas de la ciudad. Cada noche disfritando del Casco Viejo de Bilbao, el rico txakolí (vino blanco típico vasco) y las ricas tapas de las zonas, los «pintxos» muy elaborados y deliciosos. Caminando por la riada, de día y de noche, apreciando la rica cultura del pueblo vasco, de la cual el Museo Guggenheim ha venido a complementar, convirtiendo a la urbe en destino turístico cultural de Europa. Entre compañeros y compañeras, libertarios y antimilitaristas, contando cosas poco conocidas de Venezuela, y teniendo redes de afinidades. Andando en el euskotren, en donde pudimos visitar el Museo de la Paz de Gernika, y entendiendo las vertientes del conflicto vasco y su lucha por la autodeterminación. Después, seguiríamos rumbo a Madrid, pero ya ese es otro post…
