Teorizar es simplemente tratar de entender lo que hacemos. Todos somos teóricos al discutir honestamente sobre lo que sucede, distinguir entre lo significante y lo irrelevante, penetrar las explicaciones falaces, reconocer lo que fue eficaz y lo que no lo fue, considerar cómo algo puede hacerse mejor la próxima vez. La teoría radical es simplemente hablar o escribir a más gente sobre temas más generales en términos más abstractos (es decir, más ampliamente aplicables). Incluso aquellos que dicen rechazar la teoría teorizan — simplemente lo hacen más inconsciente y caprichosamente, y por tanto de modo más impreciso.
La teoría sin casos particulares está vacía, pero los casos particulares sin la teoría son ciegos. La práctica prueba a la teoría, pero la teoría también inspira prácticas nuevas.
La teoría radical no tiene nada que respetar ni nada que perder. Se critica a sí misma con todo lo demás. No es una doctrina que deba ser aceptada por fe, sino una generalización tentativa que las personas deben probar y corregir constantemente por sí mismas, una simplificación práctica indispensable para tratar con las complejidades de la realidad.
Pero con cuidado de que no sea una simplificación excesiva. Toda teoría puede transformarse en ideología, llegar a ser rígida como un dogma, ser desviada hacia fines jerárquicos. Una ideología sofisticada puede ser relativamente segura en ciertos aspectos; lo que la diferencia de la teoría es que carece de una relación dinámica con la práctica. En la teoría tú tienes ideas; en la ideología las ideas te tienen a ti. “Busca la simplicidad, y desconfía de ella.”
Evitar falsas opciones y elucidar las verdaderas
Hemos de encarar el hecho de que no hay trucos seguros, de que ninguna táctica radical es invariablemente apropiada. Algo que es colectivamente posible durante una revuelta puede no ser una opción sensata para un individuo aislado. En ciertas situaciones urgentes puede ser necesario incitar a la gente a llevar a cabo alguna acción específica; pero en la mayoría de los casos lo que más conviene es elucidar simplemente los factores relevantes que la gente debe tener en cuenta al tomar sus propias decisiones (Si me atrevo a dar aquí ocasionalmente algunos consejos directos, es por conveniencia de expresión. “Haz” debe entenderse como “En algunas circunstancias hacerlo puede ser una buena idea.”)
Un análisis social no necesita ser largo y detallado. Simplemente “dividir uno en dos” (indicar las tendencias contradictorias dentro de un fenómeno o grupo o ideología dados) o “agrupar dos dentro de uno” (revelar un aspecto común entre dos entidades aparentemente distintas) puede ser útil, especialmente si se comunica a los directamente involucrados. Ya es accesible una información más que suficiente sobre muchos temas; lo que hace falta es abrirse camino entre el exceso para revelar lo esencial. Una vez hecho esto otras personas, incluidas las informadas, serán estimuladas a investigaciones más completas si son necesarias.
Cuando nos enfrentamos a algún tópico dado, lo primero que hay que hacer es determinar si es en efecto un tópico simple. Es imposible tener una discusión con significado sobre “marxismo” o “violencia” o “tecnología” sin distinguir los diversos sentidos que se incluyen bajo tales etiquetas.
Por otra parte, también puede ser útil tomar una categoría abstracta amplia y mostrar sus tendencias predominantes, aunque tales tipos puros no existan realmente. El panfleto Sobre la miseria en el medio estudiantil… de los situacionistas, por ejemplo, enumera mordazmente toda suerte de estupideces y pretensiones de “el estudiante.” Obviamente no todo estudiante es culpable de estos defectos, pero el estereotipo sirve como un enfoque a partir del cual organizar una crítica sistemática de las tendencias generales. Subrayando las cualidades que la mayoría de los estudiantes tienen en común, el panfleto también desafía a aquellos que afirman ser excepciones a probarlo. Lo mismo se aplica a la crítica del “pro-situ” en La verdadera escisión en la Internacional de Debord y Sanguinetti — un desaire desafiante a los seguidores quizás único en la historia de los movimientos radicales.
“Se pide a todos su opinión acerca de cada detalle para prevenirles de formarse una sobre la totalidad.” (Vaneigem). Muchos temas están tan cargados emocionalmente que cualquiera que reaccione a ellos llega a enredarse en falsas opciones. El hecho de que dos lados estén en conflicto, por ejemplo, no significa que debas apoyar a uno u otro. Si no puedes hacer algo acerca de un problema en particular, es mejor confesar claramente este hecho y pasar a otro asunto que tenga posibilidades prácticas presentes. (2)
Si tomas partido al elegir un mal menor, admítelo; no añadas confusión blanqueando tu elección o demonizando al enemigo. Si hay que hacer algo, es mejor lo contrario: jugar a ser abogado del diablo y neutralizar el delirio polémico compulsivo examinando con calma los puntos fuertes de la posición opuesta y los débiles de la tuya. “Un error muy común: tener el coraje de defender las posiciones propias; ¡la cuestión es tener el coraje para atacar las propias convicciones!” (Nietzsche).
Combina la modestia con la audacia. Recuerda que si logras realizar algo es sobre la base de los esfuerzos de muchos otros, bastantes de los cuales han enfrentado horrores que nos harían a ti y a mí desplomarnos en la sumisión. Pero no olvides que lo que dices puede tener algún efecto: dentro de un mundo de espectadores pacificados incluso la más pequeña expresión autónoma sobresale.
Puesto que ya no hay ningún obstáculo material para inaugurar una sociedad sin clases, el problema se ha reducido esencialmente a una cuestión de conciencia: el único obstáculo real es que la gente ignora su propio poder colectivo. (La represión física es efectiva contra las minorías radicales sólo en la medida en que el acondicionamiento social mantiene dócil al resto de la población.) Por consiguiente un elemento amplio de la práctica radical es negativo: atacar las formas diversas de falsa conciencia que impiden a la gente darse cuenta de sus potencialidades positivas (…)
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