Fuenmayor el negacionista

Hasta hoy, y por espacio de casi tres meses -desde la elección del nuevo presidente- a los partidarios del presidente Chávez se les «olvidó» que existía un foco que irradiaba imperialismo al mundo, por el que además, como han repetido una y mil veces, se explican todos y cada uno de los males del mundo. La llegada de un afroamericano a la Casa Blanca generó expectativas en Miraflores acerca de un posible acercamiento entre la diplomacia política -por que la económica va sobre ruedas- de las dos naciones. Ante la indefinición y el compás de espera abierto por el primer mandatario, sus seguidores y seguidoras abandonaron cualquier iniciativa en este sentido, llegando su perplejidad al cénit tras las declaraciones de Obama defenestrando Guantánamo. Pero, tras el informe del Departamento de Estado acerca de los derechos humanos en Venezuela, Chávez ha vuelto a tutear al presidente de los Estados Unidos y, desde hoy, los chavistas vuelven a dormir tranquilos. Porque nada más tranquilizador como esa explicación del mundo sencillita y sin fisuras: del lado de allá los malos, del lado de aca los buenos.

Lo curioso, para llamarlo elegantemente, es que un movimiento basado en buena medida en el culto a la personalidad y en la amenaza exterior como dinámica de cohesión, tuvo que echar mano de la galería de los malos y azuzar alguno al viento para no perder las viejas maneras. Es así que tras los impresentables bombardeos a Gaza por parte de los israelitas, el  chavismo encontró un nuevo «Coco» con el que suplir la momentánea falta de los Estados Unidos: El sionismo.

Este post no pretende defender al estado de Israel -guerrerista, autoritario y con vocación asesina, como todos los estados- ni justificar las creencias religiosas de quienes lo sustentan. Más bien traer a colación un ejemplo de los grados de abyección que vivimos en Venezuela en los últimos tiempos.

Tras la expulsión del embajador israelí de Venezuela y el clima antijudío que germinó en buena parte del movimiento chavista, uno de sus «intelectuales», con amplio pedigree académico además, cuela en su columna en un semanario capitalino una serie de sugerencias que sólo en esta ribera de las garzas y las rosas son esgrimidas por alguien que se presenta a si mismo como «de izquierda».

La columna, que adjunto al final, salió publicada en La Razón del 25 de enero del 2009. Tras prevenir al lector de su «obligación de aclararle a la gente la verdadera historia del holocausto judío», el intelectual pasa a transcribir un texto que no duda en calificar como «excelente».  Rebobinemos rápidamente. Fuenmayor afirma que un escrito excelente que recibió por e-mail explica la verdad sobre el holocausto, y pasa a compartirlo con los demás.

Citemos algunas frases del «excelente» ensayo que Luis Fuenmayor tiene, por obligación histórica, la necesidad de difundir en una columna de su autoría: «Esos prisioneros -liberados de campos de concentración-, mostrados en fotografías y documentales, tenían muchos días sin comer pues habían sido dejados por sus captores, y las pilas de cadáveres presentadas corresponden al bombardeo…», «la mortandad ocasionada por el nazismo es terrible, y no se trata de justificarla, pero el llamado «holocausto» no existió…», «es importante destacar que las cámaras de gas no existieron y lo que se mostraba a los turistas en Dachau era un horno crematorio, algo común en cualquier frente de guerra para prevenir las epidemias de tifus…». No me crean a mí, y lean ustedes el texto de arriba a abajo. Después sugiero compararlo con este otro de Wikipedia.

Como podrá observar, las «excelentes» argumentaciones de Fuenmayor provienen de la línea más dura de los movimientos de ultraderecha europeos, a las que él no duda en avalar en ese supuesto infame de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», u otros subterfugios pseudoracionales a los que nos tiene acostumbrado esta izquierda venezolana.

Hombres como Fuenmayor se dicen la reserva intelectual del proceso bolivariano. Estos personeros son los que nos quieren guiar al mar de la felicidad y la utopía de un socialismo indefinido, ambiguo y contradictorio. pero lo triste no es quizás los niveles del «debate» planteados por Fuenmayor, sino el silencio sepulcral que origina el ventilar sugerencias como estas. Ya nos hemos acostumbrado tanto al campeonato de superficialidades y monsergas vacuas que este texto se olvidó rápido bajo toneladas de opiniones seniles que le sucedieron.

El papel lo aguanta todo, dicen. Pero el testimonio debe quedar para el dia que debamos saldar ciertas cuentas.

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