Una postrera venganza

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En lo que constituye una triste metáfora, Ruben vino a morir a Venezuela. Ruben Prieto, anarquista y miembro de la Comunidad del Sur, parte de la Editorial Nordan, huido de la dictadura uruguaya, exiliado en Europa, conversador, estudioso, estimado y querido como hippie libertario, mochilero de utopías y dudas por América Latina, hasta que vino a recalar a nuestro país, invitado por el Gobierno Venezolano a su feria del Libro, para fallecer de un paro cardíaco en el viejo Hotel Hilton, hoy Alba Caracas. Primorosos como fueron con su ingreso, indolentes con permitir su salida, a su cuerpo sin vida, que yace en una oscura habitación de una funeraria de Caracas esperando que la burocracia permita reunirse con sus seres queridos, en la Comunidad por la que tanto luchó, a tantos kilómetros del Mar Caribe. Un stand de libros libertarios en la vendimia oficial es una gran propaganda para un régimen que no oculta su vocación autoritaria. Un infarto no. Por eso Ruben Prieto debe esperar, inerte, por más de una semana el llegar a Montevideo y ser llorado por sus afectos. Ha sido, después de muerto, la postrera venganza contra un espíritu indomable por parte de los cancerberos de la libertad.

El legado de Ruben en http://www.ecocomunidad.org.uy/


2 respuestas a “Una postrera venganza

  1. RUBEN PRIETO.
    A pocos días de su muerte.

    “Nos sentíamos militantes, pero desde una dimensión nueva que nos hacía y a la que, a nuestra vez, íbamos dando forma. Nos diferenciábamos del creyente que se definía por fines heterónomos, determinados por instancias sagradas siempre referidas a autoridades jerárquicas, o del partidario que radicaba su seguridad y la explicación del mundo en la voluntad del Partido y en la concepción dogmática que le garantizaba el conocimiento de las metas de la historia”

    “Allí, en el seno del movimiento estudiantil, una generación se modeló y dio forma a una condición de compañeros. Juntos vivimos una aventura arriesgada, que sólo era posible en la solidaridad que cubría un arco que integraba una crítica radical a lo dado, un proyecto igualmente radical y por lo tanto utópico, y que en la medida en que nos definíamos como revolucionarios debíamos imaginar, proyectar y anticipar en todo lo que intentáramos
    en el seno de la sociedad. Aprendimos a rechazar la idea de vanguardias elitistas, seguros de que el cambio que deseábamos sólo podía realizarse desde la libre experimentación autoorganizada y autogestionada por la sociedad misma, desde sus organizaciones de base. El acento estaba en la creatividad y en la voluntad constructiva, y no en la elaboración de teorías deterministas ni en la obediencia inherente a la condición de criaturas atadas a leyes históricas”.

    Ruben Prieto, agosto de 2003 en homenaje a A. Errandonea: la libertad como deseo, como problema, y como proyecto.

    Conocí a Ruben Prieto, en la primavera del año 1985, hace ya 23 años. En sus primeros viajes, de regreso del exilio, seguramente se planteó como parte de la militancia, apoyar desde donde pudiera, a movimientos comunitarios emergentes.

    Desprendidos de un movimiento comunitario urbano, de raíz estudiantil, jóvenes, con utopía a estrenar, allí estábamos, dispuestos a formar una comunidad agraria. Llevábamos ya varios años de práctica urbana con un grupo mayor y considerábamos esa experiencia incompleta.
    Así tras formar ese núcleo, trabajamos duramente durante algo más de un año.
    Como parte del proyecto, no reunimos con Prieto, a quien considerábamos, que por su amplia experiencia comunitaria, nos podía aportar muchos elementos. Y así fue. Con la experiencia de un viejo militante, un hombre ya maduro, aportó a la reunión elementos capitales sobre la viva historia del movimiento comunitario en nuestro país y en el mundo: que se puede poner en común, aciertos y fracasos, incertidumbres, perspectivas, resistencias, etc. Realmente demostró en todo momento el interés real por un intercambio fecundo.

    Posteriormente continuamos en contacto, y durante un tiempo participamos en la distribución de la revista comunidad, y de libros infantiles de excelente calidad, en notoria pérdida para la editorial comunitaria, dado que los distribuíamos gratuitamente.

    Otro de los grandes aporte que le debemos los de ese grupo, fue su insistencia en la difusión de las ideas de Manfred Max Neef en la revista comunidad que editaba, que nos venía muy bien como aporte a los conceptos que manejábamos intuitivamente. El autor de la economía descalza, con sus categorías axiológicas de las necesidades humanas, el concepto de desarrollo a escala humana, y la posterior hipótesis del umbral, fueron muy importante en el cuerpo de ideas que manejábamos.

    Luego fuimos por otros caminos, siempre militantes, pero distintos, perdimos contacto, pero cada tanto nos llegaban noticias, de la militancia de Prieto.

    Hace unos días se fue.

    Hoy en internet he visto todo tipo de semblanzas, desde idolatrías, hasta desencantos absolutos. Considero injustificadas las críticas. Contradicciones probablemente sí, como cualquiera, pero no busquemos otra cosa. Los enemigos están en otras partes.

    Recuerdo prácticamente literalmente una de las frases que mencionó en esa reunión y que viene al caso compartir en este momento: un verdadero libertario, milita desde que se levanta hasta que se acuesta, desde que nace hasta que muere.

    En el año 2001, escribió una excelente semblanza de A.Errandonea, de la que rescato sus palabras finales, aplicables ahora:

    “Nos queda también este sabor triste de derrotas
    y de fracasos, que sin embargo son el origen de
    la renovación del deseo: libertad, solidaridad y autonomía,
    desplegadas más allá de los límites de
    aquellos que procuramos realizarlas” .

    Antonio I Villar.

  2. Ruben tardo 15 dias en llegar a Montevideo. Los funcionarios venezolanos se lavaron las manos. Pero el Oscar se lo llevó uno que estuvo 5 dias «esperando» los restos en la capital uruguaya, sin idea de donde estaba parado, ni de la odisea burocrática en Caracas

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