De todas las maneras de «hacer» política, la más despreciable que conozco es la que se ha incubado en las universidades públicas venezolanas. Lo conocí de cerca, los años que pasé regularmente en la UCV. La experiencia fue tan desagradable que, aunado a los profesores mediocres que pasaron frente a mi en aula de clase, exorcisaron cualquier migaja de «espíritu ucevista» que pudiera incubar en el cuerpo.
Recuerdo especialmente un episodio tras la llamada «destoma». Resumo. En el año 2001 un grupo de estudiantes realizaron una toma del rectorado, supuestamente para promover una «constituyente universitaria». Desde la Escuela de Sociología, donde yo estaba, ver que algunos de los personajes que liderizaban tal iniciativa eran esos que llevaban mas de una década vegetando en la universidad, me hizo mantenerme a una saludable distancia. Pero, al efervescencia de esos días contagió especialmente la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, en cuyos pisos 6 y 7 estudiaba. Asi que, en ese ambiente, se promovieron muchas cosas en la Escuela, con una relación indirecta con la toma, todo en el espíritu de la necesaria transformación de la Universidad. Pasaron los meses y los tomistas decidieron abandonar el Rectorado, realizando una marcha al centro de la ciudad. Mucho/as de los que no estuvimos en ese periplo directamente decidimos participar, dado el discurso de la renovación de la UCV. Aquella mañana, previo la marcha, la gente se concentraba en la plaza «desnuda» del Rectorado, desplegando pancartas, repartiendo volantes, conversando. Un grupo de muchachos, reconocibles de la fauna universitaria izquierdosa, tuvieron la genial idea de, con la cara oculta, hacer una fabulosa demostración de fuerza realizando disparos al aire. Muchos protestamos aquel acto infantil, especialmente porque muchos desistirían, como ocurrió, de marchar conociendo que habian che guevaras armados dentro de la manifestación. Pero lo increíble no fue esto. Lo cumbre del momento es que los pupilos de Regis Debray, ahora con la cara descubierta, afirmaban exaltados que aquello era un saboteo a la marcha obra de Bandera Roja, la facción que por aquellos días no era amiga de casi nadie. Globovisión hizo una fiesta de aquellas imágenes. Al único del grupo que yo trataba respondía mi malestar con un «fue bandera roja. Siempre hay que decir que fue bandera roja». Con el tiempo fue claro que todo ese movimiento no había sido espontáneo, y que algunos de los apoyos provenían de los ministerios, esos mismos despachos que fueron ocupados después, como premio, para los ex-tomistas.
No considero que existan bandos «buenos» o «malos» en la actual situación del país. Pero si me preguntan específicamente por los grupos universitarios mi calificación es menos amable: estan los «peores» y los «mas peores» -como siempre, hay excepciones-. Los más peores son esos que tienen varios años entrenando para responder a una «invasión imperialista», pero que a la hora de la chiquita, como los hechos demuestran, enfilan sus tropelías contra la disidencia interna.
No puedo aportar nada nuevo a la situación vivida en la UCV el 07.11.07, sólo ayudar a difundir unas imágenes que no deben olvidarse. Si algo ayudó a las malas maneras de las fuerzas del mal en epocas pasadas (Pinochet, Castro, Trujillo, Franco, Videla y pare usted de contar) era el saciar su hambre de crimen amparados por la clandestinidad. Hoy, la popularización de cierta tecnología se los pone más difícil. Una imagen, en este caso, vale más que mil demagogias.
Y pensar que el padre Jesus Gazo, antiguo cura de la parroquia ucevista, declaró orgulloso, a página completa en una entrevista en El Nacional, que la UCV había sido la «autora intelectual del movimiento bolivariano». ¡Recuerdo aquella conversación periodística y entiendo tantas cosas!
