Las declaraciones del ex-ministro de Defensa y soldado ejemplar del bolivarianismo, Raul Baduel, han abierto la agenda informativa de la semana. Que un alto personero del nuevo status, y hasta ayer persona de confianza del presidente, se haya pronunciado en contra de la reforma, con un repertorio de asperos adjetivos, ha suscitado un alud de reacciones. De todas, resalto la de Jorge Rodríguez.
Rodríguez inició sus méritos dentro del chavismo haciendo gala de ser el hijo de Jorge Rodríguez, activista de la izquierda insurreccional asesinado en un calabozo policial, y el haber tenido un protagonismo fugaz en el movimiento estudiantil de los 80´s. Tras algunos cargos menores, su papel de rector principal del Consejo Nacional Electoral convierte a su nombre en una figura cotidiana para los venezolano/as. De aquellos días se recuerdan sus constantes reiteraciones acerca de su «imparcialidad», en medio del conteo que daba al chavismo 3 de los 5 rectores principales del organismo comicial. El que las afinidades políticas de los «arbitros» fuera tan evidente, convertía la organización de las expresiones electorales de soberanía popular una continua tensión entre la correlación de fuerzas. Pero aquello erosionó, hasta el día de hoy, la credibilidad del CNE, tanto que ya se asume como un hecho que no es ni independiente ni imparcial.
Lo anterior podría discutirse, pero cualquier argumento razonado debe sortear los ecos de cada una de las entusiastas declaraciones de Jorge Rodríguez, tanto desde su puesto en la vicepresidencia, como en el poliburó del Comando Zamora, ente creado por el chavismo para realizar la campaña por la aprobación de la propuesta de reforma constitucional. Es desde esta doble condición que Rodríguez «responde» los cuestionamientos realizados por Baduel. Ni los años de universidad ni el bagaje de su militancia izquierdista motivaron que el funcionario intentara refutar razonadamente al militar pasado a retiro. Rodríguez se adelantó al aluvión de críticas despachando los dos adjetivos escritos con bolígrafo de tinta color a bilis: a) Baduel es un vocero de la oposicion, b) Baduel es un traidor. El ex-rector principal del CNE confirma una vez más el particular modus operandi de la «intelectualidad» del gobierno: rebajar su discurso hasta la estupidez, infantilizarlo para la comprensión «popular», seguir jugando con la pelota en la cancha de la irracionalidad y los sentimientos.
Esta visión del «pueblo» esconde un profundo desprecio por los que se dice representar. Mientras Rodríguez pontifica sobre las bondades de la Misión Barrio Adentro, sus magulladuras y dolencias buscan asistencia en las clínicas privadas del este de Caracas. Cuando Rodríguez sugiere que las protestas de los transportistas por la inseguridad son obra del imperialismo, sus posaderas transitan por la ciudad acariciando el asiento de cuero de un Audi último modelo. La coherencia, en tiempos bolivarianos, se exilió a la Sierra Maestra y a las estepas siberianas.
¿Cómo es posible convocar a votar por cualquiera de las opciones teniendo a Rodríguez como festivo vocero del Comando Zamora? En un país normal fuera impensable. Para regocijo de Ripley, siguiendo el razonamiento de Raul Baduel, se esta haciendo un referéndum para ver si la gente escoge por un golpe de Estado. Los días, hasta el 2 de diciembre, saben a mango verde con sal.
