Un 370 de un carnaval del horror

Recientemente Humberto Prado, Coordinador General del Observatorio Venezolano de Prisiones, informó que durante los primeros nueve meses del año fallecieron en las cárceles del país 370 reclusos, mientras que otros 781 resultaron heridos, según el balance realizado por su organización. Los penales más violentos, según los datos son Rodeo I y II, con 47 fallecidos y 93 heridos, seguido de Yare I y II, Uribana, Tocuyito, Tocorón, Los Teques, Coro, Sabaneta, San Juan de los Morros y La Planta, donde se concentra el 60% de los hechos de violencia.

Si sabemos que el promedio de muertes anuales en las prisiones venezolanas supera los 400 homicidios, se puede hacer la proyección de que para finales del 2007 la cifra definitiva superará la del año pasado, cuando fallecieron 412 internos. La población carcelaria del país, constituida por 20.000 hombres y mujeres, es una maqueta de la violencia que se ha apoderado del país, en el que el miedo y el crimen hacen de las suyas en estas tierras de gracia. La inseguridad ciudadana se ha convertido en el principal problema para los venezolanos y venezolanas, y desde el gobierno ni se entiende la complejidad del problema ni se aplican políticas para erradicarlo. Salvo, como en el resto de los problemas, culpar a la derecha y al imperialismo.

La situación de los privados y privadas de libertad es una triste muestra del país que tenemos, precisamente la postal que no compran los turistas revolucionarios que arriban por Maiquetía. Un 370 nos debería carcomer los labios en las entrañas. Por ahora, parece que sólo podemos decir «No» o «Sí», y esperar que los entuertos del camino no nos conduzcan del lado de allá de las rejas locales.


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