Extraño asunto en estas costas acariciadas por el Mar Caribe. Durante la mañana, del 19 de octubre del 2007, se realizó la rueda de prensa de 15 organizaciones de Derechos Humanos en Venezuela, agrupadas en el Foro por la Vida. El motivo de la cita era difundir una serie de consideraciones sobre la propuesta de Reforma Constitucional adelantada por el Ejecutivo Nacional, y que pretende refrendarse en diciembre de este año. Más de una docena de medios de comunicación asistieron, entre estaciones de televisión, radios, publicaciones impresas e iniciativas digitales. De las grandes televisoras, las ausentes eran Venevisión y Venezolana de Televisión. Ningún medio de comunicación «alternativo» y/o «comunitario» asistió, a pesar de ser informados, como al resto, de la rueda de prensa.
Esta ha sido una constante de las últimas ruedas de prensa de las ONG´s en derechos humanos locales. Quienes deberían ser sus aliadas y comunicadoras naturales, los medios autodenominados «alternativos», son los que menos amplifican la labor de quienes históricamente han acompañado a las comunidades populares en la exigencia de sus derechos. Tristemente curioso. Y paradójico. Algunos de quienes se encuentran en altos cargos en estos medios provienen del movimiento de derechos humanos, de esas organizaciones que hoy prefieren silenciar. Cosas de nuestra Guerra Fría de baja intensidad.
Que el periodismo venezolano está en crisis es innegable. Pero la generación de relevo, protagonista de la expansión de la comunicación «alternativa», a pesar de su discurso, en la práctica han superado a sus contrarios. Adiós a una oportunidad. Crecidos bajo la sombra del Estado, sintonizando sólo las informaciones favorables al gobierno, en esa rara guerra comunicacional «asimétrica» en la que han consentido ser parte. Pero tal asimetría es un espejismo en el desierto socialista del siglo XXI. El Estado venezolano es, al día de hoy, uno de los principales latifundistas de la imagen y la palabra, el oligarca de ondas hertzianas, imperialista de casas y apartamentos con su avalancha de propaganda y cadenas presidenciales.
Duele vivir lo que está pasando. Mi cabeza intenta, por su parte, leer a Hannah Arendt. Esperemos a ver que nos dice.

Hola Rafael, muy bueno tu blog ya lo agregué a mi blogroll, seguiremos leyéndote por aqui. Un abrazo